miércoles, 16 de junio de 2010

ARCHIVOS DE LA MEMORIA I: HACIA EL REGRESO DE WILSON EN 1984 (5ª PARTE) ENTREVISTA A WILSON FERREIRA


ENTREVISTA
El "desembarco" de Wilson Ferreira en Montevideo
El líder del Partido Blanco apuesta a "todo o nada" al regresar a su país


MARTIN PRIETO, - Buenos Aires - 17/06/1984


Al día siguiente del golpe de Estado militar de 1973, Wilson Ferreira Aldunate, líder del Partido Blanco uruguayo y jefe de la oposición al Gobierno colorado, esperaba junto a su mujer, Susana, el despegue de un avión privado.

El aparato tenía permiso de despegue, pero la pequeña pista, dado el estado de sitio, se encontraba vigilada por las tropas.

El pequeño aeroplano comenzó a rodar por la pista.

Wilson y Susana salieron de los matorrales en los que estaban escondidos y corrieron hacia él.

Una portezuela se abrió y el matrimonio se tumbó en el suelo de la carlinga esperando los disparos.

Ferreira susurró a Susana al oído: "No me dirás que te he dado una vida aburrida".

Once años después, a las diez de la noche del pasado viernes, zarpaba del puerto de Buenos Aires el Ciudad de Mar del Plata, vapor de línea entre la capital argentina, y Montevideo, para desembarcar en Uruguay a Wilson Ferreira, ya candidato presidencial a las elecciones previstas para noviembre por la dictadura militar.

Nuestro corresponsal en el Cono Sur entrevistó a Ferreira poco antes de que embarcase.


Wilson Ferreira tiene 65 años y tres hijos de su matrimonio.

Le falta una asignatura para terminar Derecho, y dedicó toda su vida adulta a la política uruguaya dentro del Partido Nacional -o Blanco-, que sólo durante ocho años alcanzó a gobernar el país, dada la hegemonía electoral (siempre por unos escasos miles de votos) del Partido Colorado.

Blancos y colorados, en una traslación siempre peligrosa, podrían equipararse a los conservadores y laboristas británicos, o a los republicanos y demócratas estadounidenses.

Los blancos, representantes del campo y los ganaderos, siempre en buenos contactos con Argentina; los colorados, representantes de la pequeña burguesía urbana de Montevideo, siempre en buenos términos con el gigante brasileño.
Ferreira escapó de Buenos Aires tras el asesinato, en el que colaboraron los servicios de inteligencia militar argentina y de Uruguay, de Zelmar Michelini, senador, y de Héctor Gutiérrez, ex presidente de la Cámara de Diputados.

Fueron secuestrados y asesinados en la capital argentina en un operativo que incluía la muerte de Ferreira, a quien no pudieron encontrar.

Tras denunciar ante el Senado estadounidense las atrocidades de la dictadura castrense uruguaya, Wilson Ferreira se convirtió en la bestia negra de los militares.

Más de 500 personas le acompañan en el Ciudad del Mar del Plata, de bandera argentina, en su regreso al país tras 11 años de exilio.
El Gobierno de Montevideo, que preside nominalmente el general Gregorio (Goyo) Álvarez, ha prohibido a la Prensa cualquier mención directa o indirecta del regreso del líder blanco.

No parece que vuelva al país un líder político acompañado de 190 periodistas y correligionarios; parece que regresara una división armada con capacidad operativa de desembarco.

Desde la caída del sol el viernes se cerró la ciudad vieja de Montevideo, y el puerto está patrullado por tanquetas militares.

Helicópteros artillados sobrevuelan la ciudad, y las emisoras de radio emiten comunicados periódicos, enmarcados entre marchas militares, informando del presunto acceso al país de comandos terroristas, e intentando disuadir a la población de acudir a los aledaños del puerto para recibir al exiliado que vuelve.

No se alberga la menor de las dudas sobre que Ferreira y su hijo serán detenidos en cuanto atraque el vapor, y, a tenor de informes llegados desde Montevideo, serán trasladados directamente al siniestro penal de la ciudad de Libertad.

Sin ningún miramiento, a Ferreira se le reputa en Montevideo de físicamente cobarde; es posible que lo sea, como en el mismo sentido lo fue Manuel Azaña.

El jueves se encontraba transpuesto en la cama, en un hotel de Buenos Aires, quizá somatizando su futuro personal.

Pero el caso es que vuelve, y que lo hace en una apuesta de a todo o nada, para colocar a la nerviosa dictadura uruguaya ante sus propias contradicciones.

Pregunta. ¿No tiene miedo de ser asesinado a su regreso?

Respuesta. No. No se dan las condiciones objetivas para un regreso a la filipina. Podría tener temor en Buenos Aires, y ya se han encargado allí de protegerme en lo posible. Una vez en manos de los militares uruguayos sé que nada podrá pasarme. No tengo ninguna veleidad por ser un mártir y ya he repetido que harán conmigo lo que los uruguayos quieran que hagan. No pienso someterme a la jurisdicción uruguaya actual por cuanto rechazo su legitimidad, pero debo regresar a mi país.

P. Usted ha sido muy duro con las Fuerzas Armadas, pueden temer de usted una actitud revanchista.

R. No soy candidato a juez ni a fiscal. Soy candidato a presidente de la República. Los problemas acumulados se resolverán y a la satisfacción de todos, cuanto menos se crispe la gente. El Ejército uruguayo está muy equivocado respecto a mí y a mi partido. Lo quiere todo firmado, como en las ordenanzas españolas, y en política las cosas no siempre son así. Acaso sea una herencia de esas ordenanzas en las que un centinela -la centinela, en el mejor castellano- lo tiene todo organizado y programado, hasta tal punto que puede morir antes de conocer quién le asalta.
Yo no voy a destruir al Ejército uruguayo, sino que lo voy a dignificar, pero no terminan de comprenderlo.

P. ¿No es un precio excesivamente alto su candidatura a ultranza para la celebración de elecciones en Uruguay?

R. Mi partido no acepta que se lleven a cabo elecciones con proscripción de candidaturas a personas. Yo no sé qué pensarán en la Europa democrática de nuestra postura, que a mí me parece elemental. Ustedes deben entender que son los propios militares uruguayos los que repiten constantemente que sin acuerdo previo no puede haber elecciones. Saben perfectamente que no se puede llamar a votar sin la anuencia del Partido Blanco. Y yo me ofrezco como ofrenda de paz, como afirmé recientemente en Argentina: si el Gobierno uruguayo convoca elecciones con el pleno restablecimiento de libertades que fija la Constitución, retiro mí candidatura, y aun así me resultará escaso el presunto sacrificio.

P. ¿Su regreso podrá entorpecer el calendario electoral?

R. Yo no tengo alma de mártir pero vuelvo con el signo de la alegría y de la reunificación, del reencuentro y de la venida tranquila. No vuelvo para la guerra ni para el enfrentamiento. Mis simpatizantes tienen consignas de recibirme en la más absoluta paz, con esperanza y bajo el signo de la reconciliación nacional para todos. Quiero unas elecciones realmente libres y tranquilas para mi país, sin el menor ánimo de revanchas históricas. Los problemas continuarían en el futuro si se mantienen las exclusiones y las proscripciones.

P. ¿Algo más?

R. Que regreso en son de alegría y paz. Que creo tener todo mi derecho a volver, que de nada se me puede acusar y que sólo aspiro a las elecciones libres y democráticas de noviembre sin el menor rencor ni revisionismo. Que confío en que las democracias europeas -y particularmente la española- entiendan la postura de mi partido y la arbitrariedad de mí inmediato encarcelamiento.


El viernes, Montevideo era un hervidero de rumores.

Las emisoras de radio transmitían constantemente comunicados mientras los helicópteros sobrevolaban la ciudad.

Lo dicho, no parecía que regresara un hombre con 11 años de exilio a sus espaldas, sino todo un ejército de desembarco.

La realidad es que el personaje está cansado, fatigado en extremo por una gripe y sin la menor de las ganas de ser apresado por sus rencorosos, enemigos políticos.

Pero se apresta a volver en esta noche del viernes para que nunca más, al menos, le reprochen sus detractores que siempre aduzca su condición de católico para no batirse en duelo, una práctica legal en Uruguay.

Sea como fuere, es un hombre que regresa para entregarse a quienes no le pueden soportar.

La vuelta al todo o al nada del vapor de línea entre Buenos Aires-Montevideo que habrá hecho el Ciudad del Mar del Plata.

El País, Madrid

martes, 15 de junio de 2010

ARCHIVOS DE LA MEMORIA I: HACIA EL REGRESO DE WILSON EN 1984 (4ª PARTE)


Continuamos publicando las notas vinculadas al regreso de Wilson Ferreira Aldunate, en vísperas de un nuevo aniversario del mismo, aparecidas en el diario "El País" de Madrid.

Vayan pues estos artículos a modo de homenaje, y que sirvan para mantener viva la memoria del que fue el más grande de todos.


El regreso del candidato presidencial del Partido Blanco, Ferreira Aldunate, hace crecer la tensión política en Uruguay
El Gobierno militar desmiente la renuncia del actual presidente, teniente general Gregorio Álvarez
CARLOS ARES, ENVIADO ESPECIAL, - Montevideo - 16/06/1984
El desmentido oficial del general Pedro Aranco, verdadero hombre fuerte del Gobierno, sobre un supuesto "movimiento de generales que habrían depuesto al presidente de la República, general Gregorio Álvarez", no ha hecho más que alimentar con una renovada energía los rumores cuando faltan pocas horas para el regreso, tras 11 años de exilio, de Wilson Ferreira Aldunate, proclamado candidato presidencial del Partido Blanco y a quien los militares han prometido arrestar.
La censura oficial que se ejerce sobre los periódicos ha desatado una ola de información clandestina en la que nadie puede citar fuente ni origen.

Los dirigentes del Partido Blanco que han quedado en el país se encuentran desbordados y se limitan a acreditar periodistas con una tarjeta como si se preparara para hoy un gran festival al aire libre.

Los panfletos que circulan por Montevideo confunden aún más al ciudadano. Las reuniones de manifestantes se citan en distintos lugares, y en uno de los últimos comunicados, el Partido Blanco convoca a sus militantes directamente en el puerto de Montevideo cuando ya se ha anunciado que toda la zona será bloqueada.

Anoche se clausuraron las cuatro entradas al puerto y las vallas que lo rodean fueron cubiertas con gruesas lonas verdes. La policía aún no había recibido órdenes de interrumpir el paso en la entrada a la ciudad vieja.
La Junta de Comandantes en Jefes de las fuerzas armadas decidió que la Marina se encargara de las operaciones de seguridad y de la detención de Aldunate.

El barco que trae al líder del Partido Blanco -junto con parte de su familia, dirigentes de su partido y personalidades uruguayas residentes en Argentina especialmente invitadas, además de 130 periodistas de todo el mundo atracará en el puerto de Montevideo alrededor de las once de las mañana (las cuatro de la tarde, hora peninsular).
Al descenso en el puerto
La posibilidad de que el barco pudiera ser interceptado en cuanto entre en las aguas jurisdiccionales fue descartada ante la dificultad que supondría un procedimiento militar en estas condiciones.

La interrupción ¡legal del viaje de un barco de líneas argentino originaría un incidente diplomático.

Todo parece indicar que la detención de Wilson Ferreira Aldunate y de su hijo se va a producir en cuanto desciendan en el puerto.

De allí sería conducido en helicóptero a un cuartel situado fuera de la ciudad. La coalición de partidos de centro-izquierda que se agrupa en el Frente Amplio convocó también una manifestación en el que llama día nacional de las libertades.

Las asambleas de trabajadores y estudiantes se han adherido a esa concentración, que según el deseo de todos, será pacífica.
Los militantes del Frente Amplio se reunirán a las once de la mañana en una de las esquinas céntricas para cantar el himno y luego retirarse sin marchar hacia la zona del puerto.

No habrá oradores y sus dirigentes se han propuesto no dar motivo para que las fuerzas de seguridad desaten una represión indiscriminada.
Todos los cálculos sobre la cantidad de personas que participará hoy en las reuniones de manifestantes han descendido rápidamente ante la evidencia de que las fuerzas armadas están dispuestas a copar las calles con tanques y carros de asalto, y se teme una reacción incontrolada.

El País, Madrid.



Ante el retorno de Wilson Ferreira Aldunate
AURELIANO RODRÍGUEZ LARRETA 16/06/1984
El dirigente uruguayo Wilson Ferreira Aldunate regresa hoy a Uruguay, a pesar de las advertencias y amenazas del régimen militar.

El autor de este artículo analiza las consecuencias de este retorno y pasa revista a la actual situación de tensión política en ese país latinoamericano, subrayando la necesidad de un futuro libre y democrático, necesario para su reconstrucción nacional.

El pasado 25 de mayo, el líder del Partido Nacional (blanco) uruguayo, Wilson Ferreira Aldunate, se situó en Concordia (ciudad argentina que mira a su país) y anunció ante un millar de compatriotas que regresaría al país el 16 de junio.

El Gobierno militar de Montevideo ha repetido una y otra vez que Ferreira será detenido en cuanto pise el territorio uruguayo y sometido a la justicia militar.

Pocos días después de conocerse el anuncio de Ferreira, los militares exigieron a los líderes políticos legales la apertura de negociaciones sobre la base de la última propuesta castrense de institucionalización, lo cual debía producirse no más tarde del 15 de junio, en cuyo defecto tendrían que ser suspendidas las elecciones programa das para el próximo 25 de noviembre.

El ultimátum. enrareció aún más el tenso ambiente político uruguayo y fue recibido como una jugada especialmente dirigida contra el líder del Partido Nacional, a la vez que una amenaza de alteración del calendario político establecido por el propio régimen para devolver el gobierno a los civiles.
Para despejar cualquier duda acerca de las intenciones del Gobierno, la policía de Montevideo apaleó brutalmente el 3 de junio una manifestación pacífica no autorizada, convocada por la totalidad de las fuerzas políticas y sociales democráticas.

Al día siguiente quedaron expresamente prohibidas todas las manifestaciones públicas, en decisión que confirma a los observadores la impresión de que las autoridades piensan emplearse a fondo para reprimir cualquier efecto político derivado del retorno de Ferreira.

Como era de esperar, éste ha ratificado sus planes y los blancos preparan un gran recibimiento, aun a sabiendas de que su jefe no podrá siquiera tomar contacto ni ser visto por el pueblo, ya que su detención tendrá lugar, probablemente, a bordo de la embarcación en la que llegará a Montevideo.
El diálogo con los militares
El pasado día 4, después de oír los requerimientos militares a la oposición y en vista de la actitud represora evidenciada por los demás actos gubernativos, irreconciliablemente hostiles a Ferreira Aldunate, los dirigentes del Partido Nacional anunciaban la decisión de no volver a sentarse en ninguna mesa negociadora con los militares.

Las demás fuerzas políticas -a pesar de su manifiesta solidaridad con los blancos- no acertaban con una reacción inmediata y procedían a evaluar la gravedad de la situación.

No obstante, posteriormente pudo saberse que en el seno de la Multipartidaria, de la que no está excluido ningún sector político, prevalecía el criterio de no concurrir el día 15 ni dar respuesta alguna a las propuestas militares en las actuales condiciones.

El retorno de Ferreira Aldunate es el hecho político más esperado y necesario para la sociedad uruguaya desde que, el 19 de marzo pasado, recuperó la libertad el general Líber Seregni, líder de la coalición de izquierdas Frente Amplio, privada de toda legalidad por el régimen militar.

No obstante, nadie es capaz de predecir lo que podrá ocurrir cuando una enorme masa humana como la que, según está previsto, se apretará mañana en el peligroso embudo que forman la Ciudad Vieja y el puerto de Montevideo, desafiando a cualquier prohibición autoritaria, decida reclamar sus derechos.
Wilson Ferreira se instaló en un hotel de la capital argentina el 23 de abril, en medio de insistentes especulaciones sobre su inminente regreso a Uruguay luego de casi 11 años de exilio.

Fue recibido con especial distinción en círculos oficiales y parlamentarios, al punto de que al día siguiente de su llegada almorzó con el presidente Alfonsín en la residencia de Olivos y el Ayuntamiento bonaerense le declaró huésped de honor.

El hecho tuvo inmediatas consecuencias en Uruguay, tanto a nivel popular como a nivel oficial.

El mismo día 24 de abril, apenas unas horas después del almuerzo de Olivos, llegó a Montevideo el nuevo embajador argentino.

Pero el que llegaba era nada menos que Carlos H. Perette (figura del radicalismo, ex vicepresidente con Arturo Illía, que fue depuesto por el general Onganía), y no lo hacía por los medios normales de transporte, sino que venía a bordo de la cañonera Muratore, en gesto que fue interpretado como una nueva mano echada por Alfonsín a la oposición uruguaya, por simbolizar la sumisión de la fuerza armada al poder civil.
Las autoridades del Partido Nacional se reunieron en Buenos Aires con Ferreira, quien desde diciembre de 1983, y por abrumadora mayoría de la convención nacionalista, es nuevamente candidato a la presidencia de la República.

El día 26 se decidió lanzar una urgente movilización de las bases nacionalistas para recoger firmas en uso del derecho constitucional de iniciativa popular y forzar la realización de un plebiscito que daría por tierra con todas las normas antidemocráticas del régimen militar.

En breves días se recogieron más de 600.000 firmas.
Pero simultáneamente al lanzamiento de tan sobrada como quimérica demostración de fuerza política, Wilson Ferreira envió un interesante mensaje a los militares uruguayos, aparentemente no recibido por éstos.

En un discurso pronunciado ante miles de uruguayos en Buenos Aires, el 28 de abril, Ferreira ofreció renunciar libremente a su candidatura presidencial si las Fuerzas Armadas aceptan, sin condicionamiento alguno, la restauración inmediata del Estado de derecho regido por la Constitución de 1967.
El 23 de mayo, cuando las autoridades del Partido Nacional se preparaban para presentar las firmas conteniendo la iniciativa popular, el Gobierno dictó un nuevo acto institucional en el cual se decreta que la función constituyente es ejercida exclusivamente por el poder ejecutivo.
¿Elecciones sin futuro?
El 1 de mayo, a la misma hora en que uno de cada cuatro montevideanos se concentraba junto a la clase obrera para reclamar libertad y trabajo, las Fuerzas Armadas entregaban a los partidos autorizados (los mayoritarios partidos tradicionales, Nacional y Colorado, y la minúscula Unión Cívica) una nueva propuesta de salida institucional que, respetando la realización de elecciones el próximo 25 de noviembre, supone la continuidad de la tutela militar sobre el Gobierno, la jurisdicción militar para los civiles y la autonomía de los ejércitos en la designación de sus altos jefes.

La propuesta va acompañada del mantenimiento de la proscripción para Ferreira Aldunate y Líber Seregni, pero además supone para el Frente Amplio el ofrecimiento de legalización de algunos de los partidos de la coalición, tales como el democristiano, el socialista, los sectores de origen batllista y agrupamientos de independientes.

Se mantendría el veto para el Partido Comunista de Uruguay y otros grupos afines.
Para los colorados, la oferta militar entraña, a la vez, una ventaja electoral inmediata y un serio peligro a medio plazo.

Un Gobierno presidido por su actual líder, Julio María Sanguinetti, sería bien visto por Washington, la derecha uruguaya y el capital internacional.

Pero los principios del Partido Colorado quedarían por el camino.
Es en momentos en que todos los partidos, legales e ilegales, están considerando la más digna respuesta al ultimátum y al contenido mismo de la propuesta militar -unánimemente considerada inaceptable en su formulación actual- cuando va a producirse el retorno del indiscutido líder nacionalista y probable primer aspirante a gobernar Uruguay en caso de una consulta libre al cuerpo electoral.

Nadie entiende cómo los militares podrán mantener encarcelado a Ferreira, contra una opinión pública movilizada, y pretender una negociación.
Los partidos y el conjunto de los movimientos sociales uruguayos se hallan enfrentados con un poder que no entiende ni quiere reconocer las realidades de un país al que sólo puede controlar por la fuerza que detenta.

En opinión de algunos observadores, se ha extendido demasiado la creencia de que las elecciones de noviembre son una meta irrenunciable, a cambio de la cual sólo aguarda el abismo. Amplios sectores de la oposición parecen sostener esa idea, que está beneficiando al Gobierno.
En ese sentido, el radicalismo de los blancos, exacerbado por la necesidad de conquistar la libertad y la rehabilitación política de Ferreira Aldunate, supone una saludable fuerza de arrastre ante quienes -como en el caso de influyentes sectores del Partido Colorado- se muestran proclives a aceptar algunas de las bases presentadas por los militares con tal de poder llegar a las elecciones.
Por el lado del Frente Amplio -al que el Gobierno también ha querido lanzar un anzuelo divisionista- se ha insistido en la necesidad de una respuesta democrática unitaria, capaz de lograr que las elecciones resulten todo lo libres y auténticas que deben ser para asegurar un futuro igualmente libre y democrático, y un gobierno con el apoyo popular necesario para enfrentar la gran tarea de reconstrucción económica y social.
Aureliano Rodríguez Larreta es periodista uruguayo y vive en España.

El País, Madrid

lunes, 7 de junio de 2010

ARCHIVOS DE LA MEMORIA I: HACIA EL REGRESO DE WILSON EN 1984 (3ª PARTE)


Prohibición de las manifestaciones públicas en Uruguay

AGENCIAS - Montevideo - 06/06/1984


El Gobierno militar uruguayo del general Gregorio Álvarez ha prohibido las manifestaciones y reuniones públicas en el país.


Según un comunicado del Ministerio del Interior, hecho público en la noche del pasado lunes, la medida se ha adoptado a causa de las "violencias en la calle" en que han degenerado las últimas manifestaciones, "pretendidamente pacíficas".


La prohibición afecta especialmente al acto masivo programado para el próximo día 16, en que el líder del Partido Blanco, Wilson Ferreira Aldunate, ha anunciado su vuelta a Uruguay.


El domingo pasado la policía reprimió violentamente una manifestación opositora que se desarrollaba por el centro de Montevideo.


En los enfrentamientos se produjeron decenas de heridos y numerosas detenciones.

Por otra parte, los altos mandos militares se reunieron el mismo lunes con dirigentes políticos y les urgieron a una respuesta a su proposición de un acuerdo para democratizar el país, hecha el pasado 1 de mayo.


Al mismo tiempo les informaron de que detendrán, procesarán y condenarán a Wilson Ferreira si regresa al país.


El ministro del Interior, general Julio César Rapela, convocó, por otra parte, a Líber Seregni, líder del Frente Amplio, para anunciarle la rehabilitación de algunos grupos que integran la coalición izquierdista, lo, cual ocurriría una vez se logre un acuerdo con los tres partidos habilitados: Blanco, Colorado y Unión Cívica.


El País, Madrid

viernes, 28 de mayo de 2010

ARCHIVOS DE LA MEMORIA I: HACIA EL REGRESO DE WILSON EN 1984 (2ª PARTE)



Ferreira y su hijo volverán a Uruguay el 16 de junio
La detención de los líderes exiliados será inmediata


MARTÍN PRIETO, - Buenos Aires - 28/05/1984


Wilson Ferreira, máximo dirigente del Partido Blanco uruguayo y candidato presidencial a las elecciones de noviembre, regresará a su país el próximo 16 de junio, poniendo fin a 11 años de exilio.


Ferreira hizo el anuncio en la ciudad argentina de Concordia, fronteriza con Uruguay, en un mitin al que asistieron más de un millar de compatriotas que cruzaron los puentes sobre el río Uruguay para escuchar al líder proscrito políticamente por la dictadura y reclamado por la justicia militar como presunto reo de traición a la patria.


Wilson Ferreira embarcará la noche del 15 de junio en un transbordador fletado expresamente en Buenos Aires para cruzar el río de la Plata y desembarcar al día siguiente en Montevideo acompañado de 600 personas entre simpatizantes y periodistas. Desembarcará junto a su hijo -también exiliado- Juan Raúl Ferreira, máximo dirigente de Convergencia Democrática, la organización que agrupa en el extranjero a los exiliados uruguayos de todas las tendencias políticas, y no cabe ninguna duda sobre la detención inmediata de padre e hijo.

El desarrollo de la jornada de protesta pacífica prevista para ayer en Montevideo se considera decisivo para conocer la magnitud de la respuesta popular a la próxima detención de Wilson Ferreira.
El País, Madrid

martes, 25 de mayo de 2010

ARCHIVOS DE LA MEMORIA I: HACIA EL REGRESO DE WILSON EN 1984



Comenzamos a publicar en este espacio la secuencia de notas periodísticas de "El País" de Madrid vinculadas con el regreso de Wilson Ferreira al Uruguay, convertido en el más notorio opositor a la dictadura militar de aquellos años, a efectos de que las generaciones más jóvenes tengan, a vuelo de pájaro, una visión independiente sobre esos hechos.


Los comentarios, adjetivos, opiniones, relatos de situaciones y entrevistas podrán ser compartidos en algunos casos y rechazados en otros. Pero poder analizar como se nos veía desde afuera siempre aporta elementos. Lo que sí queda claro en estos artículos es que Wilson cumplió con su palabra en el Senado la noche del golpe de estado de 1973: se convirtió en el vengador de la República.


Esperamos que el aporte sirva.


Wilson Ferreira exige unas elecciones libres para Uruguay
Ha lanzado un llamamiento a la movilización popular

MARTÍN PRIETO, - Buenos Aires - 30/04/1984

Wilson Ferreira Aldunate, candidato presidencial por el Partido Nacional uruguayo (Blanco) a las elecciones de noviembre, inició el sábado en Buenos Aires su última etapa para regresar a su país y estimular unas elecciones sin proscripción de partidos o personas.

Ante más de 6.000 uruguayos exiliados en Argentina o llegados expresamente desde la república oriental, Ferreira pronunció en la cancha de la Federación de Boxeo Argentina un mitin de más de dos horas en el que pidió la movilización popular para presionar en este último tramo de la dictadura castrense.
Anunció que estaba dispuesto a renunciar a su candidatura presidencial si los militares restituyen la vigencia de la Constitución antes de las elecciones, y afirmó que en breve volverá a Montevideo."No tengo vocación de preso", dijo, "ni ganas de someterme a una justicia arbitraria como la de los militares que ahora ocupan el poder, pero volveré cuando lo decida la dirección de mi partido, y será muy pronto. Harán de mí lo que el pueblo uruguayo, esté dispuesto a tolerar".
El líder blanco, que tuvo magnas palabras de elogio para el general Líber Seregni, rechazó la posibilidad de unas elecciones a las que no puedan concurrir libremente todos los uruguayos.

Una radio montevideana transmitió 20 minutos del discurso de Ferreira y varias emisoras porteñas lo emitieron íntegro y en directo para que pudiera ser escuchado en la otra orilla del Plata.
Fuentes del Partido Blanco estiman que la respuesta popular en el 1 de Mayo será decisiva para el rápido regreso de Ferreira a Montevideo. La entrada al país intentaría hacerse en un avión comercial o en uno de los transbordadores Buenos Aires-Montevideo, en compañía de la Prensa internacional, aproximadamente en el plazo de un mes. Se da por segura su detención al llegar al país, por estar reclamado por la justicia militar como "traidor a la patria".

El mismo sábado, los tribunales castrenses uruguayos emitieron requisitorias de busca y captura contra el hijo mayor de Wilson Ferreira, que preside la Convergencia Democrática, agrupación de exiliados de todas las tendencias políticas.

Finalmente, el Gobierno del dictador Gregorio Álvarez, "Goyo", ha expresado sus quejas a la cancillería argentina por las deferencias y amparo encontradas por Wilson Ferreira en la República Argentina.

"El País", Madrid

jueves, 20 de mayo de 2010

EL TOBA Y ZELMAR


Un 20 de mayo, pero de 1976, fallecían, brutalmente asesinados, el Presidente de la Cámara de Representantes, el nacionalista Héctor "Toba" Gutiérrez Ruiz, y el Senador frenteamplista Zelmar Michelini, conjuntamente con dos ex-militantes del MLN, Rosario Barredo y William Whitelaw.

En la misma acción se pretendió asesinar a Wilson Ferreira Aldunate, entonces Senador y líder del Partido Nacional.

El asesinato fue planificado por la dictadura uruguaya, encabezada en aquel momento por Juan María Bordaberry, padre del actual conductor del Partido Colorado, el Senador Pedro Bordaberry, y ejecutado por la dictadura argentina, que en ese momento encabezaba el General Jorge Rafael Videla.

Wilson, el Toba y Zelmar encabezaban desde Buenos Aires la resistencia a la dictadura uruguaya.

La siguiente es la nota escrita por Wilson Ferreira a Videla, denunciando los hechos ocurridos.


"Buenos Aires, 24 de mayo de 1976


Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Teniente General D. Jorge Rafael Videla


Dentro de pocas horas buscaré el amparo de la Embajada de un país democrático, cuyo gobierno respeta las normas que rigen la conducta de las naciones civilizadas. Antes de hacerlo, tengo el deber de escribirle estas líneas.

No sé si llegará a leerlas, pero creo que le haría bien hacerlo.

Hace casi tres años, a consecuencia de los acontecimientos políticos ocurridos en el Uruguay, Héctor Gutiérrez Ruiz, Zelmar Michelini y yo, uruguayos los tres, confiamos, como multitud de otros compatriotas, nuestra seguridad y la de nuestras familias a la protección de la bandera argentina.

Poco o nada nos importó entonces ni después cuál fuera el gobierno o el régimen político que imperara en este país, pues en quien depositamos nuestra confianza fue en la propia nación.

Así había sido siempre.

Cuando nosotros -hablo también en nombre de mis compatriotas asesinados- integramos el gobierno uruguayo, acogimos en nuestra tierra a los perseguidos políticos que llegaban a ella, procedentes de todos los sectores políticos y sociales, sin preguntar siquiera a cuáles pertenecían: eran argentinos y eso bastaba.

Cristianos y marxistas, civiles y soldados; radicales en 1930; antiperonistas en la década del 50; peronistas desde 1955; antiperonistas luego, fueron recibidos y protegidos con fraterna solidaridad.

Procedimos así, no sólo obedeciendo los dictados de nuestro honor, sino también porque, de haber querido hacer lo contrario, nos lo hubiera impedido el país entero, aferrado a una nunca desmentida tradición nacional. Héctor Gutiérrez Ruiz es -porque eso no puede quitárselo nadie- el Presidente de la Cámara de Representantes del Uruguay.

Representa en ella al Partido Nacional, a pesar de un comunicado expedido desde Montevideo por quienes se ceban, como algunos animales inmundos, en los propios cadáveres.

La condición de integrante del Partido Nacional, de blanco, como decimos los orientales, la damos y quitamos los blancos mismos, y no está al alcance de los enemigos de su patria y de su partido.

Tenía 43 años y presidía una maravillosa familia cristiana que integraban con su mujer y sus cinco hijos.

Todos vivían, desde 1973, en Buenos Aires.

Zelmar Michelini es padre de diez hijos, y también desde 1973, trabajaba de sol a sol aquí, en Buenos Aires, para mantener a su mujer y sus hijos pequeños, y para ayudar a los un poco más grandes, que todos son muy jóvenes.

Diputado, Ministro, Senador, siempre militó en filas políticas distintas que las de Gutiérrez y mías.

Pero todos sentimos siempre por él un inmenso respeto que se volvió, hace ya bastantes años, amistad entrañable.

No quiero repetirle, Sr. Presidente, las trágicas circunstancias en que fueron asesinados los dos compatriotas a que me refiero. Su Excelencia debe conocerlas perfectamente, porque han sido publicadas en algunos pocos órganos de prensa, denunciadas ante usted por las dos viudas cuando, ahora lo sabemos, sus maridos aún vivían y porque la propia Secretaría de Información Pública de la Presidencia de la Nación emitió un comunicado señalando la preocupación de esta última ante lo que eufemísticamente se señala como "desaparición de periodistas", y haciendo pública la decisión de que se investiguen exhaustivamente los hechos.

Por otra parte, una vez aparecidos los cadáveres, por la misma vía, se reiteraron idéntica preocupación y la misma voluntad investigatoria.

Estos son los hechos que el Sr. Presidente tiene el derecho y la obligación de saber: La captura del Sr. Presidente de la Cámara de Representantes del Uruguay, D. Héctor Gutiérrez Ruiz, fue efectuada en las primeras horas del 18 de mayo, en su domicilio sito en Posadas 1011, casi Carlos Pellegrini, por un nutrido grupo de individuos provistos de armas de guerra, que actuaron en forma pública, pausada y disciplinada.

Llegaron en varios automóviles Falcon blancos, idénticos a los que usa la Policía Federal, y desde ellos se comunicaban, por radio y a alto volumen, con un comando central desde donde se impartían instrucciones. Por otra parte, los secuestradores informaban a gritos, desde el cuarto piso del edificio, a quienes habían permanecido en la calle, el progreso del "operativo".

Los asaltantes permanecieron durante una hora entera en el domicilio de Gutiérrez Ruiz, pues luego de maniatarlo y dominar bajo la amenaza de las armas a su mujer y las cinco pequeñas criaturas, se dedicaron a una metódica y parsimoniosa operación de saqueo.

No dedicaron la más mínima atención a libros, cartas, documentos, llevándose solamente todos los objetos de valor, dinero y -quizás tengan hijos ellos también- las revistas infantiles de los más pequeños.

El Sr. Ministro de Defensa Nacional manifestó a dos corresponsales extranjeros por separado, la noche del 20 (menos de 48 horas después de los hechos), que se trataba de una "operación uruguaya".

Creo necesario señalar que en esa etapa de su ejecución material no intervinieron agentes de esa nacionalidad.

Así lo aseguran categóricamente la Sra. de Gutiérrez Ruiz, los dos hijos del Senador Michelini que presenciaron los hechos y el personal del Hotel Liberty, quienes coinciden en ello invocando la ausencia de modismos y hábitos de lenguaje que nos son tan característicos, y la ignorancia de ciertos datos históricos (quién era Aparicio Saravia, por ejemplo), inconcebibles en cualquier compatriota.

En consecuencia, tengo la seguridad de que el Sr. Ministro de Defensa, al hacer tales manifestaciones, debe haber querido indicar: "planeada u ordenada desde el Uruguay".

Durante toda la operación, no se hizo presente ningún policía procedente de la Seccional próxima, a pesar de la natural alarma que los hechos suscitaron en el vecindario y entre quienes acertaron a pasar por el lugar.

Tampoco acudió nadie desde las nutridas custodias armadas permanentes instaladas ante las Embajadas de Brasil, Francia, Rumania e Israel, a pesar de que la más lejana se encuentra a menos de ciento cincuenta metros, y algunas en la proximidad inmediata. Héctor Gutiérrez Ruiz fue sacado de su casa a medio vestir, maniatado y con una funda sobre la cabeza, a los empellones.

Quienes lo conducían no demostraron ninguna nerviosidad y actuaron sin apresuramientos, utilizando nuevamente la puerta principal, más iluminada y visible, por la que habían entrado, a pesar de que directamente, al salir del ascensor, se encontraba la otra más cercana y discreta, que volvieron a desdeñar.

La aprehensión del Senador Michelini se efectuó dos horas después de finalizado el episodio que he referido.

Intervinieron en ella, presumiblemente, los mismos individuos u otros que obedecían a los mismos mandos, pues habían manifestado a la Sra. de Gutiérrez Ruiz que debía abstenerse de avisar a "Michelini y los otros uruguayos", pues de lo contrario ejecutarían a su marido.

De cualquier modo, y para asegurarse, destruyeron el teléfono, pero no consideraron necesario apresurarse, ante el temor de ser perseguidos, de que la Sra. de Gutiérrez Ruiz hubiera encontrado un medio para dar el alerta.

Los asaltantes no tenían pues temor de fuerzas militares o policiales que pudieran estar esperándolos en el Hotel Liberty, como bien hubiera podido suceder.

En la misma manzana, sobre la calle Sarmiento, se encuentra la Embajada de los Estados Unidos, provista día y noche de una excepcional custodia, y ante cuyo frente estacionan permanentemente por lo menos dos vehículos con efectivos fuertemente armados.

A pesar de todo ello, también aquí los secuestradores actuaron con increíble ostentación, públicamente, evidenciando total seguridad y por consiguiente, no mostrando prisa ni propósito de ocultarse.

Estacionaron sus tres vehículos en violación de las normas vigentes, ocuparon militarmente el frente y el iluminado hall del hotel, intimidaron a la totalidad del personal, obtuvieron las llaves, se hicieron conducir a la habitación del Senador Michelini donde, tras inmovilizar a los dos hijos que lo acompañaban, lo obligaron a levantarse y vestirse y luego procedieron a vendarle los ojos. Pero no descendieron inmediatamente, por el contrario, iniciaron aquí también una sistemática operación de saqueo, haciendo fardos con las sábanas, en los que introdujeron cuanto objeto pudieron encontrar.

Permitieron que el Senador Michelini se dirigiera a! baño y lo autorizaron a llevar consigo los medicamentos que tomaba habitualmente.

Finalmente, antes de retirarse, procedieron a despojar a sus dos hijos de los relojes pulsera.

La familia de Gutiérrez Ruiz presenció aterrorizada, durante una hora, frente al jefe de familia atado y encapuchado, toda la operación de saqueo.

Vio por lo tanto cuáles fueron los objetos que los ladrones se llevaron, pero también aquellos que desdeñaron luego de tenerlos en sus manos.

Ninguno de los malhechores usaba guantes y sus huellas digitales quedaron estampadas por toda la casa, y algunas de ellas muy nítidas, en lugares que no son tocados corrientemente. Tal es el caso de cuadros provistos de vidrio, colgados a cierta altura, y que los asaltantes tocaron varias veces y luego arrojaron al suelo.

La misma profusión de huellas dejaron en las habitaciones del Senador Michelini, donde también actuaron exhibiendo la seguridad de su impunidad.

Al cerrarse la noche que va del 18 al 19 de mayo, la Policía no ha aceptado denuncia alguna; ningún agente se ha hecho presente en los lugares de los hechos; el Juez Federal competente no ha ordenado ninguna diligencia o pericia; no se ha recibido contestación a ninguno de los telegramas enviados, entre los que se encuentra el dirigido a usted, Sr. Presidente; las huellas dactilares de los criminales están esperando ser relevadas, en un país donde todos los habitantes -nacionales y extranjeros-tienen las impresiones de sus diez dedos archivadas y clasificadas en un registro único de carácter nacional.

Aunque entonces ni sus familiares ni sus amigos lo sabíamos, a Zelmar Michelini y a Héctor Gutiérrez Ruiz les quedaban 48 horas de vida.

El día 19, la preocupación por la libertad de nuestros compatriotas comenzó a transformarse en el riesgo de algo aún más grave cuando diversas personalidades argentinas recibieron, tanto en la Policía, como en el gobierno y las fuerzas armadas, la asombrosa manifestación de que en los arrestos no han intervenido ni policías ni militares, y que no se encuentran en poder de ninguna de las Armas ni de la Policía.

Tarde en la noche, nadie ha llegado a inspeccionar los lugares de los hechos ni a indagar a los numerosos testigos de los mismos, ni a recoger huellas materiales o indicios, ni a detectar impresiones digitales que siguen allí, y que permitirían, si alguien con autoridad se preocupara por ello, individualizar en menos de una hora a los asaltantes, y por consiguiente, rescatar a nuestros compañeros.

Entonces lo ignorábamos todos, pero ahora lo sabemos: Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini estaban todavía vivos, pero apenas les quedaban 24 horas de vida.

Sus familias no habían recibido contestación a ninguno de los telegramas que habían dirigido a las autoridades, entre los que se contaban los que usted recibió, Sr. Presidente, a las 19.30 del día anterior, según constancia expedida por la Empresa Nacional de Correos y Telégrafos.

El día 21 de mayo, tomamos conocimiento del comunicado expedido por la Secretaría de Información Pública de la Presidencia de la Nación, que no hace sino aumentar nuestra ya angustiosa preocupación.

El documento dice textualmente: "Ante las desapariciones de periodistas ocurridas en los últimos días, las cuales provocaron honda preocupación en distintos círculos del país y del exterior -y de la cual participa, asimismo, el Gobierno de la Nación-, el Ministro del Interior, General de Brigada Albano Harguindeguy, informó que ha recabado amplios informes sobre tales desapariciones.

Igualmente, y aunque en ciertos casos no existen las respectivas denuncias ante las Comisarías de la Capital Federal, se ha ordenado una exhaustiva investigación de los casos dados a conocer por distintos medios".

El sábado 22 de mayo, la familia de Gutiérrez Ruiz en la calle Posadas y la de Michelini en el Hotel Liberty, esperaron durante todo el día la llegada de los investigadores anunciados por el Ministro General Harguindeguy.

Y como no llegaron, una hija de Michelini, Margarita, y la Sra. de Gutiérrez Ruiz comparecieron con testigos ante el Escribano Público César J. Ceriani Cernadas e hicieron labrar, separadamente, sendas Actas de Manifestación, Protesta y Notificación, en las que hicieron constar los hechos y solicitaron se notificara formalmente al Ministerio del Interior la denuncia de los mismos.

Labradas las Actas respectivas, el Escribano actuante compareció en horas de la tarde al Ministerio del Interior, donde se negaron a recibir la notificación de la denuncia, en razón de que "no era hora de oficina", indicándosele que debía volver el lunes siguiente.

Me he abstenido deliberadamente de hacer calificativos, pero nadie vacilará en decir que el comunicado expedido por la Policía Federal es repugnante.

Dice textualmente: "La Policía Federal Argentina comunica que el día de ayer (21), siendo la hora 21.20, en la intersección de las Avenidas Perito Moreno y Dellepiane, fue hallado un vehículo marca Torino coupé, color rojo, abandonado.

En el interior del mismo se encontraba el cadáver de una persona del sexo masculino, e inspeccionado el baúl del rodado se hallaron otros tres cadáveres, uno del sexo femenino y dos del masculino.

Las pericias realizadas sobre los cadáveres permitieron establecer la identidad de tres de ellos, a saber: Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y Rosa del Carmen Barredo de Schroeder, concordando los nombres de los occisos con los mencionados en los panfletos hallados en el interior del rodado, en los que una agrupación subversiva se adjudicaba la autoría del hecho.

Los cadáveres presentaban varios impactos de bala y sus cuerpos se hallaban maniatados. Participa en el hecho la Comisaría 40ª. con intervención del Sr. Juez Nacional de Primera Instancia en lo Criminal y Correccional Federal, Dr. Alfredo Marquardt, Secretaría N" 2 del Dr. Roberto Preller, tribunal que se constituyó en el lugar de los hechos y adoptó las medidas judiciales del caso".

Como se ve, los asesinos intentan atribuir sus crímenes a la subversión, y vincular los muertos con ella.

No me detengo ni siquiera a considerar esta posibilidad: no hay un solo uruguayo o argentino decente que crea en ella; quizás por eso mismo nadie, ni siquiera los autores del comunicado, han insistido en ella.

¡Cuánto más sencillo y rápido resulta tomar huellas para individualizar a las víctimas que hacerlo para descubrir a sus asesinos, o aun, durante tres largos días, para salvar vidas humanas!

Por otra parte, Sr. Presidente, todo eso no tiene ya ninguna importancia: nadie ni nada podrá devolvernos a nuestros compañeros muertos, y usted, Sr. Presidente, y yo y todos, sabemos dónde están sus asesinos.

No deseo molestarlo más ni distraerlo de sus altas preocupaciones.

Pero sí quiero decirle algo sobre los otros compatriotas cuyos cuerpos sin vida fueron "encontrados" junto a los de nuestros dos amigos.

No los conocía.

Se dice que pertenecen a una organización guerrillera, pero no tengo ningún modo de saber si ello es cierto o no.

Pero si tal fuera el caso, resulta evidente que se los mató al solo efecto de hacer aparecer a nuestros dos amigos como vinculados con la guerrilla.

Y no sé si esto no es lo más abyecto de todo este sucio episodio: quitar la vida a dos seres humanos por la única razón de apuntalar una mentira.

Quiera Dios que la saña de los asesinos respete por lo menos la vida de sus hijos desaparecidos. La Policía argentina ha ido a buscarme a mi casa hace unas pocas horas.

Hace ya varias noches que no duermo en ella y, como le dije, buscaré ahora el amparo de la Embajada de un país cuyo gobierno se respeta a sí mismo, y por ello respeta y ampara la vida humana.

Cuando llegue la hora de su propio exilio -que llegará, no lo dude, general Videla-si busca refugio en el Uruguay, un Uruguay cuyo destino estará nuevamente en manos de su propio pueblo, lo recibiremos sin cordialidad ni afecto, pero le otorgaremos la protección que usted no dio a aquellos cuya muerte hoy estamos llorando.

Wilson Ferreira Aldunate.

Senador de la República Oriental del Uruguay"


Juan María Bordaberry y Juan Carlos Blanco, canciller del gobierno de facto de la época, fueron encontrados culpables intelectuales por la justicia uruguaya.

Hasta la fecha se ignora quiénes fueron los autores materiales.

viernes, 14 de mayo de 2010

LA POLÍTICA Y LA CREDIBILIDAD


Acaba de terminar este largo período electoral, iniciado hace casi un año atrás, demasiado para la tolerancia de la gente y hasta para la fortaleza y el bolsillo de los dirigentes. Que se debe reformar para acortarlo nadie lo pone en duda. Pero que nos pongamos de acuerdo en el "como", y eludamos la tentación de introducir por la ventana otros aspectos electorales para tratar de sacar una ventaja, lo dudo. Pero ese no es el tema de esta entrada, sino de otra. Así como el comentario sobre los resultados electorales departamentales, que serán parte de un análisis mayor en breve.

Hoy me preocupa más otro tema, que para algunos es parte indisoluble de la política, y para otros, entre los cuales me incluyo, es una enfermedad que se puede curar: la mentira y las falsas promesas en las campañas electorales.

A veces no salgo de mi asombro. Las historias inventadas en el afán de captar un dirigente o un voto más son tan sorprendentes, que uno debería aplaudir a sus autores por la imaginación y la creatividad empleada en el armado de esas mentiras, si no fuera porque del otro lado hay una persona, una familia, sorprendidos en su buena fe.

Hace muchos años falleció un activo dirigente político. En una pequeña localidad, su referente local rechazaba una y otra vez los intentos de sus correligionarios por captarlo, argumentando que todas los planteos estaban por debajo de lo que le había prometido "el doctor". Hasta que uno más insistente logró sacarle el secreto del compromiso planteado por el fallecido. El dirigente local, que ni siquiera había completado sus estudios, esperaba ansiosamente que le volvieran a ofrecer... una embajada. Es más, algunos me han comentado que se trataba de la embajada de Mongolia, pero no pude corroborarlo.

Esta historia se repite casi exactamente en la campaña del 2004. Sólo que el nuevo mentiroso vive, y sigue prometiendo cargos y contratos en entes, y el engañado dirigente local había recibido el compromiso que iba a ser nombrado... ¡Ministro de Educación y Cultura!

Un personaje de escaso peso político, famoso por sus mentiras, inventa conversaciones que nunca existieron, negociaciones imaginarias, que pretende que lo muestren como un hombre de confianza que siempre tiene la sellada. Frente a los innumerables compromisos de trabajo asumidos que, obviamente, no iba a cumplir, inventó que su referente departamental había comprado un supermercado en la zona, y que todos los engañados iban a ser contratados allí. Obviamente, la responsabilidad del incumplimiento pasó a ser del dirigente departamental, que sin saberlo, pasó a ser el dueño de un supermercado que nunca compró, y el culpable de fallar con el compromiso asumido por su irresponsable dirigente local.

Esta práctica no es exclusiva de ningún partido, ya que todos caen en la mentira. El presidente hizo famosa la frase "como te digo una cosa te digo la otra", y otros dirigentes políticos construyeron el pensamiento "como te digo una cosa, hago la otra". Algún intendente que el país posee basó la campaña municipal del 2005 en su compromiso de no tomar familiares directos a su cargo, para diferenciarse de su antecesor. Una vez que asumió, el chiste fue encontrar un familiar que no estuviese trabajando en la intendencia correspondiente... ¿Qué no haría uno por la familia?

En esta recién terminada campaña municipal, algunos dirigentes de peso recorrieron el departamento armando estructuras a partir de mentiras. Cargos en entes, reposicionamientos por renuncias de titulares que nunca se van a dar...

Lo que uno sigue sin entender es como seguimos tropezando con la misma piedra una y otra vez, porque las víctimas de la mentira son víctimas contumaces. Y si vamos a verlos, y les prometemos que no prometemos, que no mentimos, y que se debe trabajar en un grupo por la credibilidad de sus integrantes, nos miran de costado y nos dicen: "pero fulanito me prometió tal cosa".

Los que nos creemos dirigentes políticos tenemos que tomar la sinceridad en la política como una cruzada. Los verdaderos enemigos no están en el partido adversario, sino en los que practican la mentira como forma recurrente de hacer política. Y esta infección, una de las caras de la corrupción, afecta a todo el sistema político por igual.

Más allá de necesarias reformas electorales, empecemos la verdadera reforma política: la de eliminar las prácticas nocivas y recuperar un maravilloso instrumento que, en ocasiones, está en las manos equivocadas.

Y esto sí se debe prometer.