viernes, 5 de noviembre de 2010

LA NECESARIA SEPARACIÓN DE PODERES

La larga historia democrática de nuestro país se ha asentado en la lógica y equilibrada separación de poderes. Cuando esa tradición se ha quebrado, y han accedido al control del gobierno figuras dictatoriales, inmediatamente se encargan de eliminar esa separación. Los golpes de Estado son eso: la sustitución de un Poder Legislativo que debe controlar al Ejecutivo por un Cuerpo incondicional y genuflexo, y la presión indebida a la Justicia, o la subordinación de la misma.
En la última dictadura, además de la persecución y desaparición forzada de individuos y partidos opositores, se sustituyó el Parlamento por un Consejo de Estado títere, y se subordinó a la Justicia a través de un Ministerio que la controlaba.
¿A qué viene esto? Días pasados, en un programa de radio, una docente planteó un caso de persecución ideológica por parte del gobierno, que la cesó injustificadamente, violando el procedimiento administrativo y anteponiendo chicanas a sus reclamos. Pero tan malo como esto fue la respuesta del panelista que la acompañaba, preguntándole si no había recurrido a una solución política, esto es, plantearle a un Diputado o Senador de su sector que hiciera causa política en esto, convirtiendo lo que debe ser una solución legal en una pulseada entre partidos.
Es que está tan metido aún en la cabeza de la gente el amiguismo que, cuando el gobierno de turno toma gente para trabajar en el Estado salteándose la figura del concurso, o haciendo concursos digitados como fue común en la administración Vázquez, en vez de reclamar transparencia, los perjudicados se acercan a un dirigente político para que les dé una manito.
Estas situaciones, si bien menores, forman parte de una cultura que se debe desterrar, si queremos ser un país serio. El trabajador protegido por una bandera política suele, muchas veces anteponer los intereses de su grupo a los del Estado, que son los que debería defender. Y así no avanzamos más.
Y además, sufrimos también situaciones mayores.
Hace unos días atrás, el Sub Secretario del Interior, Jorge Vázquez, hermano de Tabaré Vázquez, denunció en nombre del Poder Ejecutivo a la jueza Fanny Canessa y a la fiscal Beatriz Scapusio por presuntos malos tratos hacia la directora del Centro Nacional de Rehabilitación. Los supuestos "malos tratos" refieren al interrogatorio que la jueza y la fiscal realizaron a la mencionada directora y otros funcionarios, en el marco de la investigación sobre la muerte del recluso Mauro Bozzatta, la cual, según la justicia, pudo haberse evitado. De confirmarse esto, existiría responsabilidad administrativa por parte de la Directora, ya que, además, demoraron en comunicar el fallecimiento.
La jueza Fanny Canessa fue la que procesó a Juan Carlos Bengoa. Recordemos que en el medio de varios casos de presunta corrupción vinculados a las administraciones frenteamplistas, fue la investigación sobre los casinos municipales la única que avanzó, terminando con el procesamiento del hombre de confianza de Danilo Astori. Aún esperan para ser aclarados varios casos, entre ellos el del crecimiento patrimonial del ex Vice Presidente Rodolfo Nin Novoa, la investigación por presunto "amiguismo" entre el titular de la empresa  FRIPUR y nuestro actual presidente, las denuncias por conjunción de interés público con el privado presentadas contra el Dr. Gonzalo Fernández, etc.
La acción legal contra la jueza Canessa y la fiscal Scapusio busca presionar a la justicia, mandando un claro mensaje de que al gobierno no le gusta que lo investiguen y que aquellos miembros del Poder Judicial que lo hagan deberán atenerse a las consecuencias.
Esperemos que este estilo no se convierta en práctica. A veces no vemos las pequeñas señales que anuncian grandes catástrofes. Si algún gobierno entiende que sus intereses están por encima del bien común, se convertirá en un gobierno autoritario, lo que ya es de por sí malo. Y si se termina de diluír la ya borrosa frontera entre autoritario y dictatorial, peor.
Es común entre alguna gente de izquierda llamar "fascista" a todo aquel que no comparte sus ideas, sin reconocer el origen del término. El Fascismo fue un movimiento creado por Benito Mussolini, donde un Estado totalitario y corporativista se arrogaba el derecho de disponer de las libertades individuales, en nombre del bien común, y concentraba todo el poder en el Ejecutivo. Nuestros dos últimos gobiernos son notoriamente corporativistas, y ya nos han retaceado algunas libertades individuales.
Pongamos atención. No alcanza con decir que la libertad es libre. Hay que practicarla y, lo más difícil, aceptar esa libertad en el otro aunque eso signifique perder un beneficio personal.
De eso se trata cuando hablamos de derechos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

REPARANDO Y CONSTRUYENDO

El pasado lunes concurrimos a la sede del Partido Nacional, donde sesiona su Directorio, a efectos de hacer entrega de las firmas de los cincuenta y cuatro convencionales nacionales que apoyaron nuestra propuesta de convocar a la Convención Nacional para que sea ese ámbito, el más representativo del Partido, el que coordine la discusión acerca del presente y, sobre todo,  del futuro de nuestro Partido Nacional.
La historia que nos llevó a esta moción ya fue descrita en la entrada anterior.
Hoy queremos, de algún modo, hacer pública la descripción de la reunión sostenida entre quién suscribe, como  ocasional vocero de los convencionales firmantes, y el Directorio.
El diálogo se realizó básicamente con el Presidente del Directorio, Luis Alberto Lacalle. Allí expresamos los motivos por los cuáles presentamos la nota, ya especificados.
Planteamos al Directorio lo mismo que hemos planteado en la Convención pasada. Esto es, no nos anima el revisionismo del pasado proceso electoral. Se cometieron errores, algunos más notorios que otros, y todos somos responsables. Se deben asumir los mismos para no volver a cometerlos, y punto. Lo que nos espera por delante es cómo dinamizar, modernizar y potenciar el trabajo de este viejo Partido, que seguimos visualizando como una herramienta de progreso, a la que habrá que hacer varios retoques, pero que no ha perdido vigencia. La caza de brujas, tan común en otros partidos adversarios, no va a gestarse en el nuestro por nuestra acción.
Comentamos que es nuestro deseo que esa Convención solicitada se convierta no en un escenario amplificado de discursos, sino en el instrumento de recepción y análisis de propuestas que le permitan al Partido Nacional dar el paso final que necesita para convertirse en un instrumento dinámico, de acción constante y participación amplia.
Se nos planteó la decisión ya tomada -y que gratamente compartimos- de realizar asambleas departamentales en todo el país, para que todo aquel ciudadano que tiene algo que aportar pueda expresarse orgánicamente. Al respecto expresamos que era nuestra intención presentar documentos para esas discusiones. Acordamos entonces que la sucesión de asambleas termine con una Convención que recoja la síntesis de lo expresado, y que se abrirán instancias de recepción de documentos de análisis y propuestas que se harán masivos a través de su publicación en la página web oficial a medida que se vayan presentando.
Creemos haber aportado un granito de arena en la reconstrucción partidaria. El espíritu del Directorio, y nuestra petición, generaron la visualización de canales que quizás siempre estuvieron, pero no se detectaban fácilmente. Pasa a ser ahora una obligación moral participar de las asambleas, y animarnos a presentar propuestas de modernización partidaria. Aquellos que se han planteado dudas respecto al funcionamiento del Partido podrán pasar de la crítica a la acción. Ahora depende de todos.
En un momento de la vida política del país, donde el Frente Amplio se ha convertido apenas en un grupo de dirigentes con cargo, con cómites de base vacíos y con toma de decisiones cupulares; y donde el Partido Colorado parece ser sólo el partido de Bordaberry, sin lugar para los demás sectores, el Partido de Aparicio Saravia y de Wilson Ferreira Aldunate se encamina a derribar los muros que lo contenían para seguir siendo el Partido de la Nación.
Y como dice el eslógan de ese gran compañero y amigo que es Fernando Cuquejo, la revolución recién comienza.

sábado, 18 de septiembre de 2010

LO QUE HABÍA QUE HACER

Cuando en su momento se anunció que el análisis del resultado electoral de octubre y noviembre iba a ser discutido después de las municipales, entendimos. Y respetamos, ya que guardamos silencio a la espera de cerrar el proceso electoral.
El excelente resultado de mayo en todo el país -y el no tan bueno en Montevideo y Canelones- nos hizo pensar que los hechos hablaban por sí solos, y que no era necesario agregar nada.
Posteriormente, algunos dirigentes deslizaron algún comentario, pero empezó a tomar fuerza la idea de analizar, discutir, o como se le quiera llamar, ya no el pasado reciente del Partido Nacional, sino su presente y, sobre todo, su futuro.
Frente a esto, entendimos que el ámbito para realizar tan importante análisis no podía ser otro que la Convención Nacional. Porque siempre los temas profundos pasaron por la Convención, y porque si queremos ampliar la base de convocatoria, retomar espacios abandonados a la izquierda y seguir siendo el Partido de la Nación, debíamos mandar un mensaje contundente de que en el principal Partido democrático del país se utilizaban los órganos más representativos, más cercanos a la base, los de mayor representación, para discutir los temas de fondo.
Posteriormente nos enteramos, con desilusión, que el Directorio había resuelto realizar tan importante debate entre sus miembros, con el agregado de los que poseen cargos electivos de jerarquía. Esto es, el debate más importante del Partido Nacional en los próximos años se realizaba entre -aproximadamente- treinta personas.
Ayer fuimos convocados a reunir en el día de hoy a la Convención Nacional. Dejando de lado las suspicacias por tan tardía convocatoria, entendimos que era la oportunidad de reparar el error cometido.
Durante el desarrollo de la Convención logramos, con otros compañeros que compartían nuestra opinión, juntar las firmas de convencionales necesarias para realizar una nueva convocatoria en un lapso de treinta días a partir de su presentación, de acuerdo a lo expresado por la Carta Orgánica, para discutir cuál es el Partido Nacional que queremos hacia el futuro. La instancia final de esta gestión se dará en la reunión del Directorio del próximo lunes, cuando presentemos la nota y las firmas correspondientes.
Queremos dejar constancia que esta instancia está prevista para discutir hacia adelante, y no hacia atrás. Como expresamos en la Convención, errores debemos haber cometido todos, algunos por acción y otros por omisión. A tomar nota para no repetirlos, y punto. Nuestro Partido no tiene tiempo para macartismo ni para caza de brujas, ni son estos métodos los que se acostumbran emplear en el mismo.
La discusión pasa por otro lado, y lo que realmente importa es cómo podemos mejorar la relación del Partido Nacional con la sociedad, cómo ampliamos la base partidaria y como podemos, frente a un gobierno que prioriza los sueldos de los jerarcas -sus jerarcas- frente a los salarios de los trabajadores, convertirnos en sus genuinos interlocutores y -¿por qué no?- sus representantes, ya que los que se abogaban ese derecho en años anteriores hoy les están dando la espalda.
Cabe señalar que tanto el Presidente del Directorio como sus principales referentes han plantado en la jornada su voluntad de analizar TODOS los temas, incuso aquellos que podrían afectarlos. No esperábamos otra cosa de los dirigentes de nuestro Partido, que entienden su rol de representantes y, por lo tanto, están dispuestos a rendir cuentas. No era necesario, por lo planteado anteriormente, pero el gesto vale y mucho.
Ojalá hoy haya sido el primer día del nuevo Partido Nacional. Si es así, si los caminos a recorrer son los correctos y el Partido se convierte en un gobierno transformador y esperanzador en el 2014, sentiremos que pusimos nuestro granito de arena en el momento adecuado.
Y eso vale más que cualquier banca.

martes, 13 de julio de 2010

VALIÓ LA PENA


No tengo recuerdos del mundial del '70, ya que sólo tenía cinco años.

Los periodistas de más años recuerdan que ese mundial tenía sabor a fracaso, y ya comenzábamos a ser protestones -con razón-, ya que para la semifinal con Brasil, a la postre campeón, eran los norteños los que debían trasladarse y no nosotros, con el desgaste de un largo viaje en el verano mexicano.

Recuerdo en 1974 haber ido a despedir a la selección al aeropuerto con mi escuela, más concretamente con su equipo, ya que yo era el arquero de la categoría "nueve años".

Un cuadrazo.

Los despedimos como futuros campeones, y ni los fuimos a recibir, luego del paseo histórico que nos dió Holanda, los tres goles que nos metió Suecia, y el aburrido empate con Bulgaria.

En 1978, con otro cuadrazo, ni clasificamos, contra los "poderosos" Bolivia y Perú.

Las crónicas de la fecha hablaban de la división entre los jugadores de Peñarol, Nacional, y Defensor, bases de ese equipo.

Me tuve que conformar con ver el mundial de Argentina sin Uruguay, tan cerca pero tan lejos...

En 1982, me preparé para el mundial de España.

Para verlo sin pasión, ya que, para variar, Uruguay no clasificó.

Por tercera vez me quedé sin la única cosa que se podía festejar en dictadura, que, por suerte, comenzaba a desmoronarse frente al empuje de la gente.

En México '86, clasificamos, de la mano de un limonazo de Venancio Ramos contra Chile, en el Centenario, otra vez con un cuadrazo.

Omar Bienvenido Borrás -se llama así- se enloqueció al armar el cuadro, y nos bailó Dinamarca, que no era nada del otro mundo, y un triste empate con Escocia, más el empate del debut con Alemania, nos clasificó como uno de "los mejores terceros" con dos puntos.

Con algunos cambios presentamos ante Argentina un equipo más razonable, pero perdimos uno a cero, nosotros nos fuimos para casa, y Argentina puso quinta hacia el campeonato.

Llegamos a Italia '90.

Un inolvidable Ruben Sosa -realmente impresionante- nos clasificó, él solo y con tan sólo veinte años, a ese mundial.

Debut con España.

Penal para Uruguay por una jugada similar a la de Suárez contra Corea.

Los consagrados se desentendieron de la responsabilidad -por eso grandes jugadores no quedaron en la historia de nuestra selección-, y lo termina pateando Ruben Sosa.

No convierte, empatamos cero a cero, perdimos bien con Bélgica, y le ganamos agónicamente a Corea con un gol en la hora de Daniel Fonseca.

Otra vez "mejores terceros".

Nos vuelve a tocar con el futuro campeón, que esta vez era Italia, que además era local.

Partido parejo, hasta que Schillacci nos mete un gol forlaniano, y se acabó, más aún luego del segundo gol, convertido por Serena.

Otra vez a casita, a dormir temprano.

En 1994, la mejor Bolivia -sí, Bolivia- nos vuelve a dejar afuera, y en 1998 el que se queda afuera es el peor Uruguay, antepenúltimo en la eliminatoria.

Volvemos en el 2002, mundial de Corea y Japón.

En el repechaje con Australia nos clasifica el "Chengue" Morales.

En la fase de grupos, perdimos con Dinamarca -otra vez-, empatamos con Francia -otra vez-, y cuando perdíamos tres a cero con Senegal, entraron Forlán y el Chengue, empatamos tres a tres, y casi pasamos con el famoso cabezazo del Chengue, que perdió noción de arco y cabeceó afuera.

Otra vez a casa.

En el 2006, perdimos el repechaje con Australia, por penales, pero sobre todo por falta de gol.

Con tantos antecedentes negativos, bajamos las expectativas.

En este mundial era, con muchísima suerte, entrar entre los ocho, aunque estar entre los dieciseis de octavos de final era suficiente.

Lo demás ya es historia conocida y reciente.

¿Por qué tanta introducción?

Porque más allá de los resultados, y de que pudimos ser campeones, pues entre los cuatro primeros no había diferencias notorias, lo que importó fue lo que este equipo transmitió.

Que paga más la audacia que el conservadurismo, Uruguay fue el tercer equipo más goleador del Mundial.

Que un equipo siempre es mejor que la suma de individualidades.

Que la unión nos potencia, nos hace más fuertes y nos permite mejores logros.

Y sobre todo, que por primera vez en mucho tiempo festejamos todos juntos.

Los de Nacional con los de Peñarol.

Los creyentes con los no creyentes.

Los blancos con los frenteamplistas, con los colorados, con los independientes.

Es más, tengo miedo de ir a la caravana y ver, confundidos en un abrazo, a Marenales con García Pintos, a Mónica Farro con Claudia Fernández, a Gustavo Escanlar con Mercedes Vigil, a Bordaberry con Michelini, aunque si lo hicieran, o si alguna vez esos abrazos se dieron, estaría bueno.

Porque por una vez, la única bandera que ondea es la de todos.

Ojalá aprendamos todos, y este sea el primer paso hacia el reencuentro, que nos convierta en ganadores en otras cosas, además del fútbol, y sigamos alimentando el orgullo de ser uruguayos.

¡Gracias, muchachos!

Valió la pena.

sábado, 19 de junio de 2010

ARCHIVOS DE LA MEMORIA I: HACIA EL REGRESO DE WILSON EN 1984 (8ª PARTE)


Wilson Ferreira y su hijo, confinados en un regimiento del interior de Uruguay, a 250 kilómetros de Montevideo

CARLOS ARES, ENVIADO ESPECIAL, - Montevideo - 18/06/1984

El líder político uruguayo Wilson Ferreira Aldunate y su hijo Juan Raúl, detenidos el sábado a su llegada al puerto de Montevideo, se encuentran alojados en una unidad militar de la ciudad de Paso de los Toros, ubicada en el centro del país, unos 250 kilómetros al norte de la capital.

La versión que circuló ayer en Montevideo fue confirmada por los vecinos del cuartel, que el sábado por la noche vieron llegar el helicóptero que los trasladaba Paso de los Toros es una pequeña ciudad de 20.000 habitantes que pertenece a la región militar número 3.

Su principal actividad gira al rededor de los cuatro regimientos militares instalados en la zona. Wilson y su hijo están juntos en un batallón del arma de ingenieros.

En conferencia de prensa ofrecida el mismo sábado por la noche, el ministro del Interior, general Julio Rapela, dijo que los detenidos habían sido trasladados a una unidad militar ubicada fuera de Montevideo, pero se negó a confirmar si era efectivamente la de Paso de los Toros.

El ministro sólo aclaró que Wilson había rechazado el abogado que le ofrecieron y que se encontraba ya a disposición del juez militar que interviene en la causa.

El coronel Federico Silva Ledesma, presidente del Supremo Tribunal Militar, recordó que el dirigente del Partido Nacional y su hijo están acusados desde 1976 por "asistencia a la asociación subversiva, un delito que puede ser excarcelable; pero desde entonces ocurrieron muchos hechos que pueden hacer variar la calificación, y será el juez militar quien determine si ahora es excarcelable o no".

En la conferencia de prensa que el ministro del Interior ofreció ante más de 50 periodistas de todo el mundo sólo quedó en claro que "las proscripciones políticas que rigen para las próximas elecciones podrían levantarse si se llega a un acuerdo previo".

El Gobierno militar uruguayo estaría dispuesto incluso a que Wilson Ferreira Aldunate participe como candidato de su partido si acepta las condiciones impuestas por las Fuerzas Armadas.

Los generales uruguayos insisten en que "aquí no habrá rendición de cuentas ni revisión ni juicios sumarios; esto no es Argentina".

Cuando le preguntaron por tercera vez dónde habían sido trasladados los detenidos, el ministro del Interior contestó: "¿Por qué se lo tengo que informar? Yo lo sé pero no se lo voy a decir".

En esos términos se desarrolló la rueda de prensa.

Había sido anunciada por radio y televisión, y a la hora fijada para el comienzo, los cronistas, fotógrafos, cámaras de la televisión y algún curioso se agolpaban frente a la mesa de entrada del ministerio.

La única credencia para el ingreso era el documento de identidad personal, que se arrojaba sobre un mostrador.

En el primer piso de un antiguo edificio, y dentro de un despacho demasiado pequeño, el ministro ofreció primero una versión oficial de los hechos con datos muy subjetivos.

Redujo de 50.000 a 20.000 personas la asistencia a la manifestación organizada por el Partido Nacional y el Frente Amplio, y, aunque se mostró satisfecho porque toda la jornada transcurrió "en calma y orden", aclaró que horas más tarde se detuvo a varios asistentes al acto.

Desbordado
En cuanto aceptó que le hicieran preguntas, el general Rapela se vio desbordado, hasta el punto de quedarse sin respuesta en algunas de ellas.

No logró explicar, por ejemplo, cómo tendrían que hacer los periodistas uruguayos para dar a conocer sus declaraciones sobre un hecho cuya mención permanecía estrictamente censurada y prohibida por una disposición oficial.

La convención del Partido Nacional, se mantuvo ayer en sesión continua, después del cuarto intermedio previsto en la semana para que varios de sus dirigentes viajaran a Buenos Aires y regresaran en el llamado barco de la libertad.

Luego de un prolongado debate, la mesa directiva de la convención ratificó una moción aprobada hace 10 días en la que advertía al Gobierno que la detención de Wilson y su hijo "es un obstáculo insalvable" para continuar la negociación con los militares.

A media tarde de ayer, circuló por la capital uruguaya la consigna de iniciar poco después un caceroleo, consistente en golpear cacerolas, con el propósito de llamar la atención en Montevideo sobre la retención del líder blanco y de su hijo Juan Raúl.

El País, Madrid

50.000 personas piden en Montevideo la liberación de Wilson Ferreira

CARLOS ARES - Buenos Aires - 18/08/1984

Más de 50.000 manifestantes del Partido Nacional uruguayo reclamaron el jueves por la noche, en el centro de Montevideo la libertad de su líder Wilson Ferreira Aldunate, detenido en un cuartel militar desde hace dos meses, tras regresar a su país al cabo de 11 años de exilio.

El palco de oradores se instaló en el cruce de la tradicional avenida del Dieciocho de Julio -la más importante de la ciudad- con la calle de Amorín, frente al edificio de apartamentos donde vive Susana Sienra, esposa de Wilson.

Sólo una enorme pancarta en la que se leía la consigna "Por un Uruguay democrático sin exclusiones" rodeaba la improvisada tarima.

Se leyeron numerosas adhesiones de distintos partidos y organizaciones internacionales y un mensaje de Juan Raúl Ferreira, hijo de Wilson, que fue detenido en el mismo momento que su padre, aunque su liberación ya ha sido anunciada por el fiscal militar.

La demora en el trámite de excarcelación responde al interés del Gobierno porque Juan Raúl no pudiera participar en este acto ni en la convención de su partido, que se celebrará el domingo por la tarde.

Rechazo de la negociación
El profesor Carlos Julio Pereira, candidato a vicepresidente del Partido Nacional, cerró el acto con una encendida arenga en la que aseguró que los blancos, como se llama a los militantes del partido, van a enfrentar por todos los medios el acuerdo alcanzado entre el resto de la oposición política y el Gobierno militar.

La multitud, que soportó inmóvil la lluvia y el frío, respondió alzando sus banderas y pancartas, en las que se destacaban los no al pacto.

El canto más repetido de la noche insistía "Olé, olá, les guste o no les guste, no vamos a negociar".

La carta personal de Wilson Ferreira Aldunate en la que anuncia su renuncia a la candidatura presidencial no fue leída en el acto.

El texto completo se conocerá el domingo por la tarde, en el seno de la convención que debe decidir la estrategia inmediata del partido.

El viernes, los dirigentes blancos fueron autorizados por primera vez a visitar a Wilson en el cuartel de la ciudad de Trinidad, unos 200 kilómetros al norte de Montevideo, donde se encuentra detenido.

En esa reunión, en la que participaron Juan Pivel Devoto, presidente del directorio del partido, se resolvió proponer en la convención de mañana que el Partido Nacional participe en las elecciones nominando a otros candidatos.

Wilson convenció a sus compañeros con varios argumentos.

El Partido Nacional aparece como ganador de las elecciones -aunque por escaso margen-, según encuestas privadas encargadas por sus dirigentes.

La elección no sólo determinará quiénes van a ocupar los cargos más altos de la Administración, sino que además fija el número de delegados que tendrá cada partido en la próxima Asamblea Constituyente, que aprobará o no las reformas a la Constitución.

Si los blancos no participan en las elecciones, no tendrán luego voz ni voto para oponerse a la legalización del acuerdo que pretenden los militares.

El País, Madrid

jueves, 17 de junio de 2010

ARCHIVOS DE LA MEMORIA I: HACIA EL REGRESO DE WILSON EN 1984 (7ª PARTE)


La larga travesía de un ilustre exiliado
Wilson Ferreira cruzó el río de la Plata para caer en manos de los militares


MARTÍN PRIETO, ENVIADO ESPECIAL, - Montevideo - 18/06/1984


A las 10 horas del sábado, siete unidades navales uruguayas interceptaban en el río de la Plata a la motonave Ciudad de Mar del Plata, que, bajo pabellón argentino, trasladaba a Montevideo a Wilson Ferreira Aldunate, líder del Partido Blanco y candidato presidencial a las elecciones de noviembre; a su hijo Juan Raúl, ex presidente de Convergencia Democrática -agrupación de exiliados de todos los partidos-, y a 524 personas más, entre ellas 190 periodistas internacionales.

Fue una aparatosa demostración que retrata todo el desasosiego de esta dictadura militar.

El Ciudad de Mar del Plata fue obligado a parar máquinas y echar el ancla al traspasar las aguas jurisdiccionales uruguayas.

Una patrullera costera, con su ametralladora de popa desmontada, una Zodiac sobre cubierta, un sillín de trasbordo naval de personas y dos hombres ranas, además de su dotación correspondiente, abarloó el vapor de la carrera Buenos Aires-Montevideo abordándolo por la popa.

Dos oficiales, uno de ellos médico, subieron a bordo mientras los uruguayos que acompañaban a Wilson Ferreira entonaban a voz en cuello desde los puentes el himno nacional ("...tiranos, ¡temblad! ¡Libertad, libertad, libertad...!").

La bruma fluvial era deshilachada por cañoneras, guardacostas, un destructor...

Una patrulla de tres aviones sobrevolaba a mediana altura el punto de intercepción.

Wilson Ferreira y su hijo fueron convocados al puente de mando, donde se les instó a abandonar la motonave y transbordar a la patrullera.

Ferreira Aldunate ya había anticipado su negativa a una propuesta de este tenor ("y es muy difícil obligar a un hombre a transbordar").

Otros seis oficiales, entre ellos el prefecto naval de Montevideo, abordaron armados el Ciudad de Mar del Plata, tomaron el mando del buque e impidieron al pasaje el uso de la radio, por más que Radio Belgrano, de Buenos Aires, y una emisora montevideana, que grabó la emisión sin emitirla, radiaban sus crónicas a las dos orillas del Plata pirateando las antenas del barco.

Dos horas después del abordaje, tras dudar Montevideo entre desviar el buque a Colonia -frente a Buenos Aires y atrás de su derrota- o a Punta del Este, más allá de la capital uruguaya, se decidió esta última opción.

Wilson y su hijo pudieron hablar con los periodistas en uno de los puentes, anunciando su detención e incomunicación y el nuevo rumbo del vapor.

En el ambiente de a bordo -tranquilo, pese a la guerra de juguete celebrada en su alrededor- el comentario era generalizado: "Miren lo que hace la dictadura cuando una familia pretende pacíficamente regresar".

El buque, ya con gobierno naval uruguayo, tiró tres cuadrantes, rompió el cerco y puso rumbo a Punta del Este escoltado por tres cañoneras a estribor.

Muchos montevideanos, enterados por las radios argentinas de la interceptación y cambio de rumbo, tomaron sus coches y se dirigieron a la ciudad-balneario de la gran burguesía de los dos países.

En el comedor del buque se reunía en una mesa todavía con los manteles sucios el directorio del Partido Blanco, que viajaba a bordo.

Los oficiales uruguayos en el gobierno de la nave no hicieron notar su presencia.
El día anterior, a las nueve de la noche, el Ciudad de Mar del Plata zarpaba de la dársena sur del puerto de Buenos Aires, entre extraordinarias medidas de seguridad que incluían una última prueba con detector de metales en la misma plancha de la embarcación. Wilson Ferreira, absolutamente afónico, apenas pudo hacer escuchar a la multitud en el muelle otra cosa que "...éste es el único camino...".

Fuera de la bocana del puerto la nave siguió una derrota a la derecha de la demarcación binacional del Plata, procurando no penetrar en aguas uruguayas.

El exiliado en retorno y su familia presidieron la cena entre vítores y aplausos, y hasta la madrugada el bar del buque fue un improvisado escenario en el que se cantaron las canciones prohibidas y se tocó suavemente Candombe, supliendo la percusión con el golpetear de las manos sobre las mesas.

Cerca de la media noche la cañonera argentina de escolta se aproximó protectoramente para desaparecer enseguida en la noche cerrada.

Tras la interceptación y cambio, de rumbo, el ambiente a bordo continúa siendo tranquilo y mucho más emotivo que indignado.

El buque, siempre escoltado hasta Montevideo.

La ciudad parece destellar entre la bruma.

Con espejos y los faros de los automóviles se hacen señales a barco.

El pasaje, acodado en la amuras de babor, contesta reflejando el escaso sol con espejitos de bolso y polveras de señora.


Viraje en redondo


A la 13.30 horas, repasado, Montevideo, un calambre recorre el barco: se levanta la incomunicación por radio con Montevideo.

A los pocos minutos bajan de los camarotes superiores Wilson Ferreira y su hijo para almorzar en el comedor, convertido en plaza de la República.

La motonave reduce sus revoluciones y comienza un viraje en redondo.

La explosión: "¡Los milicos se acabaron, se acabaron volvemos a Montevideo!". Juan Raúl Ferreira confirma que el barco regresa a la capital y que él y su padre volverán a quedar incomunicados en 15 minutos más; que sólo se les ha autorizado a despedirse de sus correligionarios.

Wilson aprecia que esto es el triunfo del buen sentido, que siempre será una victoria popular y que pronto todos volverán a estar juntos.

Entre abrazos, se retiran a sus camarotes.

Nadie almuerza.

A las 14.15 horas el Ciudad de Mar del Plata enfila el canal del puerto montevideano precedido por dos remolcadores, seguido por tres lanchas Zodiac con buceadores de combate y sobrevolado por dos helicópteros.

El silencio se hace estruendoso al sobrepasar la escollera.

El puerto está tomado espectacularmente con tropas navales con casco y bayoneta calada, formadas en los malecones.

Se vuelve a cantar el himno y las consignas sobre Wilson.

Susana Ferreira y muchos uruguayos oran mansamente en el puente alto, recobrando su ciudad tras 11 años de exilio.

Tras una larga espera, Wilson desciende la plancha del barco seguido por su hijo.

Viste una zamarra con capucha juvenil, de gabardina, y, entre los oficiales que le custodian, da rápidamente media vuelta en el muelle y saluda al barco con los brazos en uve.

Son introducidos en una oficina de sanidad marítima y en media hora abandonan el puerto militarizado en dos helicópteros con destino a cuarteles no identificados de las proximidades de Montevideo.

A las seis de la tarde del sábado, horas después del arribo, el resto del pasaje del Ciudad de Mar del Plata fue introducido en autocares que, siguiendo a camionetas y motociclistas militares, recorrieron el puerto, desperdigándoles por diferentes salidas.

La dársena en la que atracó el vapor de la carrera era una ciudadela: acumulando contenedores se habían formado murallas de 50 metros de largo, compartimentando el puerto, y otros parapetos de dos pisos cerraban los accesos.

El despliegue militar era tal que movía a la broma de los inofensivos, hambrientos y derrengados ocupantes de los autocares ("si vosotros nos tenéis tanto miedo, no os preocupéis; más miedo os tenemos a vosotros").

Una hora más tarde, en el Ministerio del Interior, su titular, el general Rapela, recibía a los periodistas para una rueda de prensa sobre un retorno del que en Uruguay prácticamente no se puede escribir una palabra.

Un corresponsal anglosajón, algo cansado por toda la molesta guerra de papel padecida, le espetó: "¿No cree, señor ministro, que el recibimiento que ustedes han dispensado a Wilson Ferreira es propio de "1984"?"

Rapela dudó y terminó por contestar con absoluta ingenuidad: "Perdóneme, pero no comprendo su pregunta."

Obviamente, los militares uruguayos parecen no haber leído a Orwell, pero el sábado le hicieron el honor de llevar a la práctica sus predicciones.

El País, Madrid



Una manifestación pacífica esperaba al líder 'blanco' en Montevideo


CARLOS ARES, ENVIADO ESPECIAL, - Montevideo - 17/06/1984


El grueso de la manifestación convocada por el Partido Nacional (o Blanco) y el Frente Amplio para recibir al líder del primero, Wilson Ferreira Aldunate, a su regreso del exilio, se dispersó al mediodía en el centro de Montevideo, después de cantar el himno nacional uruguayo.

Por los altavoces los dirigentes insistían en recordar que se había dispuesto no marchar sobre el puerto.

"Si esto termina en paz, ganamos nosotros".

Unas 10.000 personas, de las 50.000 que se reunieron entre las 10 y las 11 de la mañana en la amplia avenida del Libertador Lavalleja, que llega hasta el palacio legislativo, cantaron el himno alzando las banderas partidarias y las manos con el signo de la victoria, mientras un helicóptero policial sobrevolaba la zona.

Hasta las últimas horas de la tarde seguían circulando automóviles adornados con banderas por el centro y en toda la ciudad sonaba un permanente eco de bocinas.

Los organizadores del acto -llamado Día de las Libertades por el Frente Amplio, y del Reencuentro y Unidad Nacional por el Partido Nacional- pactaron con la policía para que no interviniera, a pesar de que el Gobierno había prohibido expresamente cualquier manifestación pública.

Los efectivos policiales, montados en vehículos de asalto, patrullas y motocicletas, se desplazaron alrededor de toda la avenida, pero no se registraron detenciones ni se cortó el tráfico.

Nadie, ni siquiera los dirigentes políticos presentes, sabía entonces lo que estaba ocurriendo con el barco Ciudad de Mar del Plata, en el que viajaba Wilson Ferreira Aldunate, líder del Partido Nacional, y su hijo Juan Raúl, quienes regresaban a Uruguay desde Argentina después de haber vivido desde hace 11 años en el exilio.

Algunos creían que el Ciudad de Mar del Plata ya había llegado a puerto y suponían que los líderes políticos habrían sido detenidos y trasladados fuera de Montevideo.

La radio El Espectador recibía información directa de sus cronistas, que viajaban en el barco, pero no la transmitía por la prohibición oficial vigente.

El País, Madrid

miércoles, 16 de junio de 2010

ARCHIVOS DE LA MEMORIA I: HACIA EL REGRESO DE WILSON EN 1984 (6ª PARTE)


El regreso del líder de la oposición uruguaya
El dirigente de la oposición Wilson Ferreira, arrestado cuando regresaba a Uruguay
El líder del Partido Nacional culminaba 11 años de exilio

CARLOS ARES ENVIADO ESPECIAL, - Montevideo - 17/06/1984

El líder del Partido Nacional uruguayo, Wilson Ferreira Aldunate, fue detenido en el barco de bandera argentina Ciudad de Mar del Plata, que le traía de regreso a su país después de 11 años de exilio, y abandonó por su propio pie el barco a las cuatro de la tarde, hora local (las nueve de la noche), hora peninsular, para ser trasladado más tarde en un helicóptero al Comando General de la Armada Uruguaya.

En Montevideo se registraron durante todo el día numerosas manifestaciones.

El barco de línea que habitualmente cruza el río de La Plata entre Buenos Aires y Montevideo fue custodiado hasta el límite internacional por un buque de la Prefectura Naval Argentina.

Ya en aguas jurisdiccionales uruguayas se le acercó una nave de la Armada y una lancha patrulla que le obligaron a fondear cuando se encontraba a siete millas del puerto de Montevideo.

Dos oficiales y un suboficial de la prefectura uruguaya ascendieron al barco y se presentaron ante el capitán argentino Víctor Rojas, con la orden para detener al dirigente político uruguayo y a su hijo Juan Raúl.

El Ciudad de Mar del Plata permaneció anclado más de media hora a unos 11 kilómetros del puerto sin que fuera posible divisarlo desde la costa, debido al banco de niebla que se extendía sobre el río.

El capitán prohibió el acceso a los periodistas al sector del puente de mando, donde mantuvo una reunión con Wilson Ferreira y los oficiales uruguayos encargados de detenerle.

El líder del Partido Nacional se resistió a entregarse voluntariamente y dijo que sólo lo sacarían de allí por la fuerza.

Ante la imposibilidad de ejecutar el arresto, los oficiales levantaron un acta que fue firmada por ellos y el capitán del barco.

Tras comunicarse con el comando de la Armada, le dieron al capitán la orden de desviar el curso del barco y dirigirse hacia la ciudad balnearia de Punta del Este, situada en el Atlántico, a unos 150 kilómetros hacia el noreste de Montevideo.

A las casi dos horas de marcha y tras una tensa negociación por radio, Wilson Ferreira recibió garantías sobre su vida y la de su familia y logró la asistencia de un abogado. El barco argentino rectificó entonces nuevamente su rumbo y regresó al puerto de Montevideo, donde atracó a las cuatro de la tarde.

El Gobierno militar garantizó al dirigente de la oposición la seguridad sobre su vida y la asistencia de un abogado.

El líder del Partido Nacional descendió por su propio pie del barco y primeramente fue conducido en helicóptero hasta el Comando General de la Armada, donde se negó a ser examinado por un médico militar.

Más tarde fue trasladado nuevamente en helicóptero hasta una unidad militar ubicada fuera de la ciudad.
El acuerdo entre el Gobierno militar y el dirigente político fue posible después de que se disolviera sin incidentes la manifestación convocada desde la mañana por sus partidarios en el centro de la ciudad.

Los organizadores, enterados de la negociación, convencieron a los asistentes para que no se trasladaran hasta la zona portuaria, tal como se había anunciado previamente.

El puerto fue tomado desde la noche anterior por efectivos del Ejército y la Marina.

Los contenedores de carga depositados en el muelle comercial fueron distribuidos detrás de las rejas unos sobre otros, hasta una altura que impedía la visión desde fuera hacia adentro.

La entrada principal al Comando General de la Armada, por una de cuyas puertas laterales salen los pasajeros que desembarcan, fue bloqueada con alambre de púas enrollado y convertido prácticamente en una trinchera.

Tres dotaciones de bomberos estaban listas para entrar en acción, y los soldados, vestidos con uniforme de combate y pertrechados con fusiles ametralladores, ocuparon posiciones detrás de las tanquetas y en los edificios altos frente al puerto.

Los reducidos grupos de personas que se formaron en las aceras y esquinas vecinas fueron obligados a alejarse y a circular hacia el centro de la ciudad.


Trámites aduaneros

Los casi 130 periodistas de todo el mundo que viajaron en el barco de Ferreira Aldunate, junto con dirigentes políticos, militantes y residentes uruguayos en Argentina especialmente invitados, fueron obligados a cumplir con rigurosos trámites aduaneros, y sólo pudieron salir del puerto en las primeras horas de la noche.

Entre el lunes y el martes se es pera que llegue a Montevideo un grupo de parlamentarios argentinos, que pedirán, de forma no oficial, ante el Gobierno militar uruguayo, por la libertad de Wilson Ferreira.

Los dirigentes del Partido Nacional gestionan además una intervención telefónica directa tanto del presidente argentino, Raúl Alfonsín, como del presidente del Gobierno español, Felipe González.

Los periódicos uruguayos habían acatado la medida impuesta por el Gobierno desde el miércoles, y se limitaron a transcribir nuevamente los comunicados oficiales que alertaban a la población sobre los "agitadores y grupos clandestinos que habrían ingresado al país".

El Consejo Nacional de Seguridad, integrado por la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y el presidente de la República, Gregorio Álvarez, permanecía reunido en sesión continua.

El coronel Pomoli, de la Dirección Nacional de Relaciones Públicas del Estado, como se denomina el servicio de inteligencia, admitió a esa hora que dos oficiales y un suboficial de la Prefectura Naval Uruguaya subieron al barco argentino, fondeado a siete millas del puerto, para detener a Ferreira Aldunate, pero éste se resistía a entregarse.

Ferreira, nacido el 28 de enero de 1919 en Nico Pérez, localidad situada al noroeste de Montevideo, vivió en el campo durante toda su juventud, lo que le permitiría presentar, durante su época de diputado, varias reformas de las estructuras agrícolas.

En 1966, el Partido Blanco perdió las elecciones, y Ferreira pasó al Senado.


'Procurador de la nación'

Ferreira Aldunate era denominado el procurador de la nación por sus partidarios, a causa de los virulentos ataques contra lo que denominaba los desbordes autoritarios del Gobierno colorado, que provocaron la dimisión sucesiva de los ministros de Economía, del Interior y de Industria entre 1967 y 1971.

Tras su exilio, el 7 de junio de 1976, se dirigió a EE UU para presentar ante el Congreso norteamericano la propuesta de suspender la ayuda militar a Uruguay.

Al día siguiente, el Gobierno militar de Montevideo lanzó una orden de detención contra él por presuntos contactos con la subversión.

Posteriormente, en 1983, Aldunate se trasladó a España, y posteriormente, a Buenos Aires. Su designación oficial como candidato del Partido Blanco a la presidencia de la República en los comicios del 25 de noviembre de 1984 se produjo en diciembre de 1983.


El regreso del líder de la oposición uruguaya
Los delitos imputados

- Madrid - 17/06/1984

La justicia militar uruguaya requiere la captura de Wilson Ferreira Aldunate bajo los siguientes cargos:
- Asistencia a la asociación subversiva.
- Ataque a la fuerza moral de las fuerzas armadas.
- Actos capaces de exponer a la República al peligro de represalias.

El tercero de los delitos mencionados se castiga con una pena mínima de seis años de penitenciaría y no es excarcelable.

Sin embargo, informaciones no confirmadas señalan la posibilidad de que el líder nacionalista sea excarcelado después de dictarse su procesamiento, manteniéndose a disposición de la justicia, e inhabilitado para participar en las próximas elecciones.

El País, Madrid